Como sanadora, paso mucho tiempo leyendo, estudiando y haciéndome sanaciones. Siempre hay que aprender y buscar bajar la luz que somos a la vida terrenal.

Lo más importante en la vida es saber quienes somos. Por eso sanamos, para recordar lo que somos en cada oportunidad evolutiva (encarnación), porque esta sabiduría, nos da la salud, felicidad y completitud perfecta.

Llevo tiempo buscando probar la medicina de las plantas sagradas. No es fácil encontrar chamán para eso y llevo desintoxicando mi cuerpo para estar preparada para cuando llegase el momento. Finalmente, la vida trajo esta oportunidad, así que me fui con unos amigos que también querían una experiencia profunda de sanación de temazcal y San Pedro. El chamán que llevaba la ceremonia lo lleva en su memoria y sangre, y acompañado por su mujer medicina, abrieron portales álmicos para que la Madre llegara a través de la planta medicinal a despertar nuestras memorias. Estoy feliz de que ellos fueran los chamanes para mi primera vez, y espero hacer más.

Muchas personas no han tenido la experiencia correcta, otros se basan en historias que han escuchado, otros cuentan de falsos chamanes. Todo es cierto, pero también están las experiencias correctas, en el momento correcto, con las personas correctas. Cuando pides desde lo sagrado, la Madre Naturaleza se manifiesta para que puedas hacerlo y llega cuando estás listo.

Fui sin expectativas pero con mucho respeto de la ceremonia, honrando aquellos que la preparan, asisten y mantienen el espacio sagrado abierto. Son guardianes de una sabiduría ancestral que comparten como un momento de apertura íntima para sanar lo más profundo llamando a la Madre Tierra para que entre en cada cuerpo. El temazcal es un baño de vapor, una ceremonia larga llena de canto y rezo. La toma de San Pedro, planta sagrada, para abrir el corazón y sanar aquello que necesitas saber. La intención de la ceremonia se mantiene durante todo el ritual presente.

En este artículo solo voy a contar lo que siento que es medicina para compartir. Porque no es solo la vivencia de la planta sino cómo percibes el mundo y los demás cuando la medicina corre en tu cuerpo. Cuando terminas la ceremonia y sales temprano en la mañana del vientre de la Madre Tierra, vas entendiendo tu vida con la frecuencia del amor que eres, dándote cuenta cómo te perdiste en la mente y te alejaste de vivir desde tu verdad que es ser amor.

Durante toda la ceremonia, que es en la oscuridad profunda escuchando los cantos  y tambores, sudando y dejándose llevar en la medicina para recibir guía, sólo sentía dulzura. Los cantos de los chamanes eran miel, cuando todos cantábamos, era como estar en un panal de abejas lleno de miel. Lloraba y me llenaba de amor en el agradecimiento de escuchar los rezos de todos, con esa dulzura y serenidad en las voces. Pedía que esos rezos, esa sabiduría simple pero tan profunda que sana, llegase a cada corazón del mundo.

Sentía de una manera tan clara que si todos vivieran este amor y unidad que experimentas dentro de la ceremonia, no habría conflictos, ni guerras, ni nadie maltratando al otro desde el orgullo, no habría invasiones, peleas, destrucción, mentiras, abuso. Porque cuando eres consciente de ser amor, escuchas en la voz del otro su historia de luz, su origen ligado a sus ancestros, en el que te reconoces y percibes que eres lo mismo, no hay fronteras, mente, poder.

No quiero meterme en polémicas, pero nunca en una misa sentí el amor y conexión con Dios como ayer. Difícilmente te conectas desde el alma, difícilmente recibes guía y menos de la Madre Tierra, fácilmente te aburres, los cantos están muertos a menos que vaya un cantante profesional… etc etc etc. En la misa te dicen que te des la paz, pero se da la mano y fríamente, ayer los abrazos eran puro amor. Es mi experiencia, nada más. Comparo el rito hecho mente y el rito ancestral sin ánimo de ofensa, que sé que hay muchos de vosotros que van a misa.

En los cantos y rezos dentro del temazcal en la oscuridad, veía los niños que viven en cada uno de nosotros y pedían salir a la luz. Somos niños heridos que quieren ser libres, jugar, amar y ser amados para devolver esa alegría y vida a los compañeros de juegos. Jesús siempre lo decía, seguid siendo niños. Porque en el corazón puro de una persona solamente hay bien, salud, alegría, amor, y la vida hay que vivirla manteniendo el corazón de un niño.

Tuve la sensación de estar en una colmena de miel, y la Pacha Mama me hacía entender que la dulzura es lo que te conecta al espíritu de la Madre (por eso las madres son tiernas con los hijos, salvo lógicamente cuando se pierden en su orgullo y capricho o la madre no sabe dar amor), conectándote directamente a tu esencia, a tu naturaleza. En la dulzura te encuentras tal y como eres. La dulzura sana el corazón, amansa bestias, es un lenguaje de almas sabias y equilibradas conectadas a la fuente divina.

Cuando sientes amar al ser humano, cuando aceptas que hay mucho trabajo por hacer porque estamos desconectados de la esencia que somos, la oscuridad del vientre de la tierra te muestra los caminos dejando claro a qué punto estas en tu evolución. Ahí cualquier cosa que tenga que salir, sale. Cuando el cuerpo saca lo que te impide ver, se abre el cielo.

La conexión con tus lazos familiares se empiezan a unir y aclarar, sientes tu árbol genealógico vivir en cada célula de tu cuerpo, percibes a los otros como parte de ti. Y esto tiene una explicación, ya nos hemos visto antes, ya hemos compartido otras vidas, llevamos varias veces volviendo y reencontrándonos. En estas ceremonias no hay mente, por tanto no hay creencias, solo el saber de que estás en familia, con tu tribu.

La conclusión es que somos amor puro experimentando la vida como seres humanos evolucionando en las experiencias que lleva el desarrollo de una raza. Volvemos cada vez para mejorarnos hasta que se abre el recuerdo del alma de quién eres. Es el momento en que sanas, en que te conectas al origen divino y empiezas a vivir en el amor. Compartes dulzura, néctar de sabiduría. Hasta que la raza humana se una, sea hermandad, libre de conflictos, poder y abuso.

Por eso esta medicina natural de las plantas ha existido, existe y existirá siempre, porque pertenece a la Madre Naturaleza y aquí vivimos. Es parte del ayni, de la reciprocidad. La Tierra nos da vida, cobijo, alimento y nosotros aprendemos a ser Amor encarnado viviendo en el paraíso, respetando plantas, animales y seres humanos, conviviendo juntos en armonía, paz, unidad, dulzura y amor.

El canto de la pureza, la dulzura, ser niños… todo medicina del alma que necesitamos recuperar, integrar para ser libres, puros, felices. y ¿sabéis qué?, no es nada difícil si dejamos de lado los prejuicios de los rituales, la historia mal contada, la soberbia de las razas y volvemos a la medicina del alma. Y os lo dice una que viene del otro lado del charco, europea, de ciudad, católica, del mundo de la ópera. Nada más lejano al canto medicina. Uno es mente y el otro es alma.

Al final, el camino nos lleva a recordar la simplicidad, el amor, la dulzura, la hermandad. Eso somos. La medicina de la Madre Tierra nos conecta al Amor, a nuestra esencia, a ser niños que aprenden a respetarse, aceptarse y amarse para llegar a ser espíritus libres evolucionados.

Todo el Universo nos observa para ser parte de este jardín del Edén, y nosotros, estamos jugando a la vida para experimentar la perfección del Amor encarnado. Un día, la vida en la Tierra será el paraíso donde se venga a vivir sin estructuras ni fronteras, sino en unidad, completitud y Amor.

Os dejo un playlist muy hermoso de música medicina de la voz de Sofía Ramírez (Alma con voz), estudió Cre@ctivando conmigo y en su voz hay mucha tradición y medicina ancestral. La Madre Naturaleza se expresa a través de sus tambores y voz.

Disfruten.

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