Es la hora de cenar, de repente llaman a la puerta, abro y se presenta un hombre que no había visto nunca, pero sentía que conocía de toda la vida.

-Buenas noches…sé que no me esperabas.
-Pues la verdad no tenía previsto que viniera nadie a casa esta noche.

Los ojos del individuo se clavaron en mi corazón. Sentí paz y confianza.

-Entra por favor, pasa, pasa…
-Gracias. Qué bonita casa, y tus gatas…. preciosas!
-¿Te puedo ofrecer algo?
-Atención y una copa de vino!

El hombre se sentó a acariciar las gatas como si las conociera de toda la vida. No tenía ni idea qué quería de mí ni para qué vino, pero me daba una cierta confianza.

-¿Quieres cenar algo? Iba a cenar ahora…
-Muchas gracias, me encantan las quesadillas que haces.

¿Cómo sabía que ceno quesadillas? le dejo en el salón mientras preparo la cena. Qué situación tan extraña, pensé, y yo aquí en casa sola. Lo interesante es que a un cierto punto se levantó y encendió la chimenea. ¿Cómo sabía que la leña estaba en el jardín y que me apasiona cenar delante del fuego?

-Me recuerda cuando cenábamos bajo el cielo con la hoguera delante y te contaba historias sobre la vida. Sigues poniendo la misma atención e interés – esta frase se acompañó de una carcajada dulcísima.
Vaya intriga, y lo mejor de todo es que me resonaba mucho lo que decía, pero no podía recordar.
El hombre sentado delante de la chimenea disfrutaba de la quesadilla y del vino. Entre bocado y bocado escuchaba atentamente todo lo que le contaba acerca de mi vida y mis últimos descubrimientos con mis pacientes.
-No ha cambiado mucho la gente en este tiempo- decía. Pero tú si.

Sus ojos los conocía, me daban paz y su mirada hacía que me abriera a contarle lo que llevaba tiempo que tenía dentro de mi corazón.
-El ser humano-me decía mirando fijamente al fuego- ha tenido varias etapas en que ha querido despertar a su camino espiritual y tomar consciencia de su poder. A veces lo ha conseguido, pero ese poder se transformó en esclavitud para muchos y pobreza de alma para los otros. El verdadero desarrollo evolutivo está en la transformación del Ser, en ese despertar de ser consciente de su luz divina interior y cambiar el mundo a su alrededor para todos. La idea del poder ha transformado al ser humano en un esclavo de su lujuria y placer al sometimiento de otros. El poder es tomar consciencia de algo que ayuda a trascender más allá de tu conocimiento.
-Para el mundo poder es sinónimo de fama, dinero y a veces mucha corrupción- le dije.
-Así es. Pero igual que lo encuentras lo pierdes. Depende de la intención que tiene el alma una vez adquirido ese poder a la hora de entregarlo y compartirlo, o quedárselo para su propio beneficio.
-Quién lo diría, hay gente que tiene poder desde hace siglos y no lo comparten.
-¿Y tú crees que la vida está solo aquí? Los ojos del Padre están en cada corazón.
-y la ley del karma…..
-Para eso existe el perdón y volver a nacer para aprender y corregir.

Después de una pausa, mientras organizaba la madera para seguir quemando, me pidió unos higos con miel. Menos mal que una amiga me regaló un bote de esa delicia de postre, pero ¿cómo sabía que tenía?

-Están deliciosos, gracias. ¿Te vas a fumar un piti?
En este tiempo se necesita perseverancia y paciencia para comprender que el poder va a cambiar de manos y de significado. Trabajar para la luz es difícil, lo sé. Casi como un gran sacrificio interior.

No pude evitar ponerme a llorar. Este hombre me había leído el corazón.

-Abrir los corazones de aquellos que casi no conoces a comprender que son importantes y que su vida es sagrada, no es fácil. Seguramente volverían su mirada al teléfono para ver cualquier cosa menos prestarte atención.
Seguí derramando lágrimas, ¿a dónde quería llegar con esta conversación?
-Habla desde la Verdad que recibes, porque será lo que cada alma necesite oír para transformarse. Y ser consciente de su luz, va a hacer que el mundo recupere el poder para transformarse completamente como un todo evolucionado.
– ¿Están preparados para escuchar su Verdad y ver su luz?- le pregunté con muchas dudas.
-Ahora sí. Porque la luz que sana, es la luz que da consciencia. Y eso lo abres tú cuando te piden sanación.
No dudes, porque como tú hay otros en el mundo que vinieron a abrir corazones, y porque yo estoy a tu lado entregando la Verdad a cada uno. ¿Me das un té de orégano?
-Claro- le dije. Mientras cortaba las hojas de la planta en mi huerto, sentí mi corazón llenarse de paz, de júbilo, y de golpe recordé que a él le gustaba el té de orégano después de cenar justo cuando sanaba un corazón en misión. Recordé la cantidad de veces que lo hizo conmigo y otros. Me di la vuelta y ahí estaba mirándome sonriente.
-Maestro- dije. Gracias. Lloré y lloré de felicidad.
Me abrazó. En ese abrazo de amor profundo vi pasar por delante mío todas las veces que me enseñó a lidiar con las emociones humanas, con los conflictos y dudas, y sobre todo, con el poder de aquellos que se perdieron por querer conquistar y proteger algo efímero que no tiene valor sino en su lado más espiritual.

-Otra vez más hay que recuperar la luz en los corazones, pero esta vez, para saltar hacia una nueva etapa de plenitud. Es el tiempo correcto. Ánimo, estoy con vosotros cada día. De ahora en adelante recibirás el poder de la luz para compartir con otros.
-Gracias, Maestro.
-¿Y ese té?
– ¡Ya voy! Entré a poner agua en una taza. Al salir, no había ni rastro de él. Desapareció. Sentí una profunda tristeza, y al mismo tiempo, una profunda felicidad de haberle visto. Fui a la chimenea para recoger los platos. En su sitio había dejado unas flores de azahar. Las tomé en mis manos y al olerlas su perfume invadió mi alma. En ese instante entró en mí todo lo que necesitaba saber para seguir adelante. En su simplicidad, la Verdad, está escondida en el perfume del fruto más simple y puro. Ese perfume abre al alma a recordar que es un ser Divino poderoso cuando comparte su esencia con los demás. Si no, la vida deja de tener sentido.

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